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Gluten sí, gluten no

Actualmente estamos asistiendo a una autentica revolución del “Gluten free”. Continuamente se habla de las bondades de eliminar el gluten de la dieta aun sin tener ningún tipo de intolerancia diagnosticada e incluso sin presentar síntomas.

El argumento para ello pasa por asegurar que prescindir de los alimentos con gluten contribuye a la mejora de molestias gastrointestinales, ya sean éstas distensión abdominal, dolor, gases o diarreas, eliminación de afecciones cutáneas, disminución de la inflamación e incluso que una dieta sin gluten ayuda a perder peso y mejora la capacidad intelectual, entre otros.

A nivel deportivo, el gluten ya no está presente en muchos complementos nutricionales. También se empieza a recomendar no ingerirlo en las comidas previas a una competición a fin de evitar posibles molestias intestinales, si no es que ya ha sido eliminado de la dieta habitual.

¿Nos encontramos ante una moda? ¿Existen realmente razones sólidas para eliminar el gluten de la dieta de forma definitiva? ¿Qué ventajas tiene hacerlo? ¿E inconvenientes? Éstas y otras preguntas intentaré responderlas en este post de forma sencilla.

Para los más “puestos” en el tema quizá se os haga repetitivo pero creo necesario empezar explicando qué es esto del gluten (os aseguro que muchos conocen la palabra pero no sabrían decir con exactitud lo que es), con qué enfermedad se asocia y cuáles son los problemas que provoca.

El gluten es un complejo proteico (conjunto de proteínas) presente en los cereales. Estas proteínas se agrupan en dos: Prolaminas (o prolamidas) y Gluteninas (o glutelinas), siendo las primeras (las prolaminas) las causantes de la intolerancia alimentaria. Pero no todas, ya que hay prolaminas que no suponen ningún problema.

 

Cereal Prolamina que contiene Posible intolerancia
Trigo Gliadina
Centeno Secalina
Avena Avenina
Cebada Horleina
Maíz Ziena No
Arroz Orzenina No
Sorgo Kafirina No

Tabla 1. Algunos cereales, sus prolaminas y posibilidad de intolerancia

 

Los cereales “problemáticos” son: trigo, centeno, espelta (o escanda), avena, kamut, cebada, bulgur, farro e híbridos como el triticale.

Los cereales “no problemáticos” son: arroz, maíz, trigo sarraceno, sorgo, quinoa, mijo, amaranto y teff.
La enfermedad asociada a la intolerancia al gluten es la celiaquía y es, en la actualidad, la enfermedad más común de malabsorción crónica. Se calcula que sobre un 1% de la población la padece, más frecuente en mujeres que en hombres, y existe un infra diagnóstico ya que una gran parte de los enfermos celíacos presentan intolerancia sin manifestar síntomas.

¿Qué sucede en la celiaquía?

El celíaco sufre una atrofia (deterioro) de las vellosidades del intestino delgado provocada por el consumo de alimentos con gluten, cosa que impide una correcta absorción de los nutrientes de la dieta. Este deterioro puede llevar asociado una serie de síntomas que pueden diferir de un individuo a otro. Desde manifestaciones gastrointestinales, pasando por la pérdida de peso, retraso en el crecimiento, amenorreas en mujeres o alteraciones dermatológicas. Todo y que, como he comentado unas líneas más arriba, existen celíacos que pueden no presentar ningunas de las manifestaciones descritas (asintomáticos), lo que dificulta su diagnóstico.

A día de hoy, el tratamiento de la celiaquía pasa por la eliminación de la dieta de alimentos que contengan gluten, más concretamente de alimentos que contengan las prolaminas causantes de la enfermedad en individuos genéticamente predispuestos (ver cuadro superior).

Afortunadamente, los años de experiencia y los avances han permitido un mayor conocimiento de la enfermedad, por lo que su diagnóstico y manejo se ha ido perfeccionando. Esto ha llevado a que se detecten diferencias con respecto a las alteraciones provocadas por el consumo de cereales con gluten.

En un artículo publicado recientemente por Nutrición Hospitalaria, Vaquero, L et. al. revisan las diferentes patologías asociadas al consumo de gluten (enfermedad celíaca y sensibilidad al gluten no celíaca) y a la alergia al trigo, cereal que más consumimos. Este artículo es de libre acceso. Si tienes inquietud por leerlo, pincha aquí.

A diferencia que el celíaco, en la sensibilidad al gluten no celíaca no existe alteración patológica en la mucosa intestinal, pero sí se presentan síntomas similares (distensión, diarreas, dolor abdominal…) que desaparecen con la supresión del gluten de la dieta. En ocasiones, pequeñas cantidades de gluten son toleradas. También se postula que el verdadero problema se encuentra en el trigo, y que el consumo de otros cereales con gluten (variedades más antiguas y menos manipuladas) no suponen los mismos problemas.

La alergia al trigo se centra tan solo en este cereal, sin manifestar alteraciones con el consumo de otros cereales que contengan gluten. Las reacciones asociadas pueden confundirse con las presentes en una celiaquía, aunque son las que caracterizan a una alergia alimentaria: manifestaciones cutáneas, respiratorias o gastrointestinales y posible anafilaxia.

La UEG Journal (United European Gastroenterology Journal), en otro artículo de revisión: Non-coeliac gluten sensitivity: piecing the puzzle together, nos habla además del síndrome de intestino irritable como parte del cuadro clínico presente en la sensibilidad al gluten no celíaca.

Ahora sí, empezando a contestar las preguntas planteadas al inicio del post, ¿Nos encontramos ante una moda? (esto es una opinión personal) Mi respuesta es sí. Y nos lo demuestra la práctica cada vez más extendida de eliminar el gluten de la dieta sin antes pasar por la consulta médica, plantear los síntomas (ni siquiera manifestarlos), realizarse las pruebas pertinentes y esperar un diagnóstico.

¿Existen realmente razones sólidas para eliminar el gluten de la dieta de forma definitiva? Si existe un diagnóstico de celiaquía o sensibilidad al gluten no celíaca, evidentemente la solución pasará por eliminarlo de la dieta. Si estamos ante un caso de intestino irritable, debe plantearse su eliminación, ya que el gluten es uno de los componentes que pueden presentar problemas. Y si estamos ante una alergia al trigo, hay que eliminar el causante de dicha alergia, pudiéndose consumir otros cereales con gluten sin miedo.

¿Qué ventajas tiene hacerlo? Las ventajas de eliminar el gluten de la dieta serán únicamente para las personas que presentan las alteraciones ya mencionadas y relacionadas con el consumo de alimentos con gluten. A día de hoy la celiaquía no tiene cura y tan solo la supresión total de alimentos con gluten es el mejor y más efectivo tratamiento a seguir.

Si realmente se necesita realizar una dieta sin gluten, las mismas limitaciones en las opciones nos hacen ser más creativos en nuestra elección ya que se descubren cereales nuevos que con anterioridad quizá ni no planteábamos consumir, además de amar y valorar la importancia de una alimentación con variedad de productos integrales y riqueza en nutrientes.

Pero no hay que esperar a desarrollar una patología como esta para incorporar cereales como el mijo en nuestra dieta, hacer las bases de pizza con harina de maíz o incrementar el consumo de legumbres.

¿E inconvenientes? Tomar la decisión de prescindir del gluten supone prescindir de uno de los alimentos más consumidos, el trigo, del que forman parte productos tan básicos en la alimentación humana como son el pan y la pasta, y buscar alternativas que los sustituyan o directamente dejar de consumirlos.

No estar muy bien informado sobre los cambios que supone prescindir de alimentos con gluten y por cuáles sustituirlos pueden llevar a la persona a realizar ingestas deficitarias en ciertos nutrientes. Un producto sin gluten no es sinónimo de mejor calidad nutricional. Debemos pensar también que muchas harinas y otros productos sustitutivos presentan más densidad calórica que su “homólogo” con gluten. Una situación poco recomendable si la percepción que tenemos de la dieta sin gluten es la de perder peso.

La tendencia actual de eliminar el gluten de forma sistemática puede y está añadiendo también un problema para quien realmente necesita de ella. El motivo es, según la Associació de Celíacs de Catalunya, que esta “moda” está abriendo un nicho de mercado que hace encarecer los precios de los productos por aumento de demanda. Una noticia nada positiva para el bolsillo de muchas familias que pagan hasta un 300% más (si no más) por un producto tan cotidiano como una barra de pan.

Y por último ¿Qué pasa con los deportistas?

Existe poca evidencia con respecto a la dieta sin gluten y los beneficios para el deportista. A destacar uno en el que concluyen que no hay mejoras en el rendimiento deportivo a corto plazo tras una dieta libre de gluten en deportistas no celíacos (No effects of a short-therm gluten-free on performance in nonceliac athletes. Lis D, Stellingwerff T, Kitic CM, Ahuja KD, Fell J. Med Sci Sports Exerc. 2015 May 12). Es obvio que faltan más estudios que relacionen de forma positiva (o negativa) esta dieta con el rendimiento y puedan llevarnos a obtener conclusiones.

Los profesionales sanitarios no nos cansaremos de repetirlo, en parte porque es una función más de nuestro trabajo, en parte por las situaciones vividas a diario en consulta: hay que ponerse en manos de un médico, Dietista-Nutricionista, fisioterapeuta… (el profesional más adecuado a cada campo), antes de aplicar cambios que impliquen la salud. En este caso, primero hay que empezar por consultar, plantear el problema para así poder realizar las pruebas necesarias, descartar otras patologías, establecer un diagnóstico y, por último, actuar para aplicar el mejor tratamiento.

La alimentación da mucho de sí, existe mucho mito, mucha opinión y mucho gurú. No te dejes llevar por lo que diga el vecino, compañero de entreno o tenista famoso en un spot de televisión. Cada persona es única y diferente del resto. Por lo que las estrategias nutricionales deben ser también únicas y diferentes del resto.

Autor: Glòria Tamayo

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