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zapatillas running viejas

Cuando cambiar de zapatillas de running

1.000 kilómetros, por regla media. Esa es la respuesta, por norma general, que hay que dar ante tal pregunta.

Porqué las zapatillas, aunque aparentemente esten intactas (ya no se suelen descoser por los laterales y la punta de la pala, como sucedía hace años), pierden amortiguación y pueden llegar a producirnos lesiones. El problema, insistimos, es que este desgaste no se puede medir a simple vista, como por ejemplo es posible calibrar la pérdida de densidad de un neumático.

¿Qué sucede en el interior de la zapatilla a medida que “quemamos” kilómetros? Os lo contamos:

La capa de la zapatilla situada por encima de la suela, llamada mediasuela, sea del material que sea (EVA, Poliuretano, etc.), empieza a sufrir un desgaste a medida que se va usando. Es decir, pierde densidad, la capa se hace aún más fina. Las consecuencias, a menudo se traducen en forma de lesiones. Es posible que la capa de material amortiguante sea más fina en una zapatilla que en otra (luego, tal vez “cojearemos un poco”), y, en cualquier caso, las lesiones en la rodilla, cadera o espalda, así como periostitis, pueden empezar a surgir.

Este desgaste no sólo puede afectar a la propia mediasuela, sino también a aquellas piezas “adyacentes” que suelen añadir los fabricantes a las zapatillas para mejorar la amortiguación, controlar la pronación, etc.

En las zapatillas de competición este desgaste es aún más rápido, porqué la capa de material amortiguador suele ser mucho más fina que en el calzado de entrenamiento que en el de competición, por lo tanto, la “vida kilométrica” de las voladoras es más corta.

Así que, en cuanto vuestras zapatillas empiecen a desgastarse, y se acerquen a los citados mil kilómetros, y empezéis a sentir dolores o melestias “nuevas”… id a la tienda otra vez, y las zapatillas viejas, usadlas para pintar el piso. Al escoger zapatillas para entrenar, nos suele “asustar” el hecho de que puedan ser demasido pesadas, tipo “tanque”, o bien el que sean tan ligeras quie estén faltas de amortiguación para nuestro peso.

En este sentido hay que tener en cuenta un factor, y es que las marcas que hay en el mercado han evolucionado mucho los diseños y prestaciones, y son de gran fiabilidad. Si escogemos unas zapatillas demasiado pesadas para nuestro entrenamiento, podemos padecer sobrecargas musculares a causa de “arrastrar” demasido peso, y en los entrenamientos nos costará más correr a ritmos vivos.

Si, en cambio, escogéis unas zapatillas demasiado ligeras para vuestras sesiones cotidianas, las lesiones a causa de la poca amortiguación en relación a vuestro peso, que os pueden surgir, mayoritariamente, os podrá producir también lesiones en las rodillas, espalda o bien en los tibiales.

Así que ya sabéis nuestro consejo: id a una tienda especializada, que os asesore un dependiente con experiencia en el trato a corredores y con conocimiento de las marcas del mercado, y finalmente, escoged aquel calzado que os han recomendado siempre que con él os sintáis cómodos. Es una condición, en nuestra opinión, “indispensable” para realizar una buena compra.

Fuente: runners.es

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